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lunes, 22 de agosto de 2011

No quiero que la Católica sea del OPUS DEI

No a la censura de las conciencias

Soy de la Católica. Estudié en sus aulas respirando un espíritu libre y bebiendo de muchos pensamientos. La universidad mojigata y elitista de los 50 de la Plaza Francia ya había muerto. La abstrusa influencia de ese ultramontano llamado José de la Riva Agüero había cedido el paso a una concepción democrática y moderna. Quizá fue la apertura jesuítica de Mac Gregor a los nuevos tiempos, o también la nueva extracción social de sus alumnos lo que permitió el cambio. Llevábamos un curso de teología sí, pero de la mano de un hombre tan inteligente y sutil como Gustavo Gutiérrez. A veces nos tocaba un horroroso curso de historia con Tín Tín de la Puente, Pacheco Vélez, o Periquito Rodríguez, que solo sabían de hagiografías virreinales, pero la libertad de cátedra así lo exigía. En todo caso era posible recurrir a Heraclio Bonilla y su nueva visión de la Independencia, como compensación. En economía podía haber algunos discípulos de Von Hayek o Milton Friedman, pero también era factible conversar con Javier Iguiñiz sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo. En Antropología pasaba lo mismo. Cabía la posibilidad de estar en desacuerdo con Fernando Fuenzalida, pero no dudábamos de su sapiencia y erudición.

En Letras la figura patriarcal de Luis Jaime Cisneros cubría de un manto de tolerancia la formación de los alumnos. En derecho, además de los antiguos democristianos, uno encontraba a los flamantes Wisconsin Boys que habían renovado el discurso jurídico, quizás poniendo los primeros ladrillos de la ideología caviar. La excepción tal vez fuera Sicología. De la mano de Roberto Criado fue expulsada toda una generación profesoral que tentaba el discurso freudiano. No sin rudeza tomaron la posta conductistas y domesticadores de ratones.

Es cierto que otro era el cantar en las facultades de Ciencias exactas, pero eso sucede en todas partes. Los cerebros milimetrados de ingenieros y matemáticos son inevitables por lo que un poquito de filosofía y literatura no les hubiera hecho daño.

La universidad a la que yo pertenecí en el fundo Pando era francamente universal. Se estudiaba de todo, se conocían todas las corrientes y todas las escuelas. Se polemizaba, se conversaba abiertamente, no había fanatismo religioso ni punición a las ideas. No había index, ni inquisiciones, ni levas ideológicas. Ni siquiera había misas. El Capu, hoy en manos del Opus Dei, servía como un centro de reflexión y recogimiento intelectual de la mano de Pipo Crespo y el cura Franco, quienes habían recogido el legado de otro gran tipo, el cura Gerardo Alarco, salvador de almas atormentadas y guía vocacional de varias generaciones.

Esa fue la Católica que yo conocí, y también la de mis hijas. Esa es la universidad que yo defiendo frente a los fundamentalismos de toda laya, pero sobre todo frente al Opus Dei y al indecente cardenal Cipriani. Por ella lucharé siempre, por aquel campus libertario y esa alma formativa. Quizá era una isla dentro de un país descarriado, pero los reductos del saber son así. Por ello participaré en esta cruzada por salvar a la Católica del despotismo confesional del Vaticano, de la roída moral y la codicia de los seguidores de Escribá de Balaguer, del abyecto cristianismo de los ricos y sus billeteras. No quiero que mi alma Mater se convierta en un anexo de la Universidad de Piura, ni deseo que sea sucursal de la de Navarra. No quiero subvenciones de Dionisio Romero, ni un sillabus monocorde, ni el verbo torvo del cardenal, ni flagelar a la verdad para favorecer a una secta. Las universidades no son papales, sino fruto de la libertad y como tal pertenecen a su comunidad, a sus profesores y sus alumnos, a sus asambleas y la sociedad civil. Así lo son desde el medievo. El conocimiento no debe conocer de amarres ni de lastres. Si para eso hay que cambiarle el nombre, en buena hora, Si la libertad exige la independencia como negarnos a borrar lo de pontificia.


sábado, 13 de junio de 2009

CIPRIANI Y LA MATANZA DE BAGUA: OTRA COJUDEZ


Haciendo gala de su proverbial mala leche, el arzobispo de Lima y carnicero de Ayacucho, el cocodrilo de la embajada japonesa y el confesor de genocidas, llevó ayer su palabra diabólica a las cabinas de RPP. Allí justificó la matanza y como su padrino de palacio, habló de aprovechamiento político e injerencia extranjera y no hizo una sola mención a la situación de los desaparecidos, ni a la justa demanda de los pueblos amazónicos. Luciendo una impecable cirugía plástica en el rostro digna del Dr. Morillas, defendió a los poderosos y se olvidó de los débiles. Ocultando sus dientes de lobo y su piel magullada por el escarnio, se olvidó de los derechos humanos y de la paz y la concordia para seguir oficiando como predicador de la muerte y de la alianza anti-indígena y no dudó en ensuciar sus finas sotanas con su verbo apro-fuji-pepecista. La reacción espontánea de los ciudadanos fue masiva. La página web de RPP reventó de comentarios y al filo de la tarde RPP y Raúl Vargas decidieron clausurar el buzón, y borrar los improperios lanzados con toda razón contra el jefe de la iglesia peruana. Esa es la libertad de expresión de los medios del gobierno que no dicen una palabra de La Voz de Utcubamba. El cardenal enerva y bien merecido tiene los insultos que no bajaban de requintadas de madre. Pobre señora Thorne que está en los cielos.

El cardenal una vez más se sentó sobre el pronunciamiento de los miembros del clero amazonico que piden paz y una investigación oficial sonbre los 60 desaparecidos awajún, que según la Cooordinadora de Derechos Humanos es parte de un recuento que sigue subiendo. El cardenal ha doblado, como Alan, la curva del Diablo.
En la misma línea que el verbo obtuso de Cipriani, son las declaraciones de La ortiga del diario Correo, un racista arequipeño que no merece ser mencionado por su nombre para no ensuciar el idioma, que llama a matar a los indígenas amazónicos con Napalm. "No sé qué espera Alan que no prepara a su FAP con todo el napalm necesario. Sí, con napalm" dice a la letra. Esa es la gente que prohija el enano moral de Mariátegui y ése es el pensamiento escondido de la derecha racista.

martes, 2 de septiembre de 2008

CIPRIANI: TREMENDO GRAN....

Lindo cuadro de Kike Polanco

Haciendo gala de su verbo torcido, el cardenal del grupo Colina arremetió contra la Comisión de la Verdad. Con su camiseta de Fujimori debajo de la sotana, sigue pisoteando la memoria de los 68 mil desaparecidos, con la misma insolvencia moral, con que abandono a su grey en los años de la guerra interna.
De la mano de los giampietris y garcías, este arzobispo del opus dei tiene la desvergúenza de acusar a la CVR de monopolizar los derechos humanos, después de que él dijo que eran una cojudez. Cállate Cipriani, que tu sitio es el infierno, donde todos esperamos que te calcines y pudras.
Ya habíamos sabido de la calaña moral de Cipriani cuando aprovechó una guitarra para introducir los micrófonos del SIN en la embajada del Japón, mientras se hacía pasar como un comisionado de la paz. Después lloró con lágrimas falsas y fariseas, tratando de limpiar su putrefacta conciencia. También recordamos que Cipriani intercedió ante Keiko y la fujirrata para “liberar” a la empresa Hayduk y a su dueño Eudocio Martínez (a) “Olluquito”, después de que se encontrase 500 kilos de cocaina en los contenedores de harina de pescado que salían rumbo al norte. “Olluquito” un peligroso narcotraficante que pasa piola como empresario pesquero, y que hizo su capital original en la provincia liberteña de Pataz, se ha librado de las acusaciones corrompiendo jueces y autoridades igual que los Sánchez Paredes. ¿O Cipriani interpone sus buenos oficios gratis?
Este es solo el sucinto prontuario de Cipriani. Soy agnóstico pero reconozco que tener a este arzobispo debe ser una palta para los creyentes de buen corazón. Solo espero que le abrigue el fuego eterno y el crujir de dientes en los brazos de Satanás, y que los campesinos masacrados en Putis, en Accomarca, en Cayara y Los Cabitos le jalen los pies una de estas noches. Pero mientras tanto por qué no llenamos las calles del Peru con radiantes pintas: Cipriani gran... ¿Qué esperan los chicos de La Católica?